Para el mes de agosto, Hitler reclamaba ya todo el corredor polaco y la Posnania. La propaganda alemana subrayaba que su objetivo era la redención de un millón y medio de alemanes oprimidos por la brutalidad polaca. Por su parte, el coronel Beck, ministro de Asuntos Exteriores polaco, convencido de poder ganar una hipotética guerra contra Alemania, aseguraba no temer al conflicto armado.
El 23 de agosto de diplomacia nazi da un giro decisivo al problema, pactando con Stalin un acuerdo de mutua no agresión, que incluye una cláusula secreta de reparto de Polonia. Francia y Gran Bretaña contestaron reafirmando su compromiso con la nación polaca.
Hitler confía en que la rapidez de la invasión, prevista desde abril del 39, su "Plan Blanco", haga retraerse a las potencias occidentales de ayudar a Polonia. En cualquier caso, no espera una reacción militar fulminante franco-británica.
Sólo necesita una excusa y Himmler encargará de proporcionársela. Presos comunes alemanes y agentes de las SS atacan, disfrazados de soldados polacos, una emisora de radio germana en Gleitwitz, cerca de la frontera.
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